Percepcion de la superficie: Forma vs contorno
La palabra superficie proviene del latín superficies, que significa literalmente lo que está encima de lo que ha sido hecho o creado. Esta etimología no es trivial. La raíz super remite a una posición de dominio o prelación, mientras que ficies deriva del verbo facĕre, hacer. La superficie es, entonces, el límite visible de la creación,aquello que el ojo percibe antes que cualquier otra cosa. Es en esa frontera donde la arquitectura libra su primera y más íntima batalla; la batalla entre la forma y el contorno.En su raíz latina, forma designa el contorno, la figura, la apariencia,forma, contour, figure, shape; appearance. El inglés antiguo lo hereda del francés forme y este del latín, emparentándolo con el griego morphé, que añade un matiz adicional: forma, belleza, apariencia exterior. La forma es, en este sentido, una totalidad. No solo describe el perímetro de un objeto, sino su presencia en el mundo, su manera de manifestarse ante la percepción humana. Cuando Miguel Ángel estudia la anatomía de una pierna en sus famosos bocetos preparatorios, no se limita a trazar un contorno: captura la tensión interna, la musculatura subyacente, la energía contenida. La forma es, así, una síntesis entre lo visible y lo invisible.
El contorno, en cambio, habla de límites. Etimológicamente, contour proviene del italiano y el latín medieval contornare, ir alrededor. El contorno es el gesto que rodea, el trazo que separa el objeto de su entorno. Conjunto de líneas que limitan una figura o composición: perfil, silueta, perímetro, figura. Es la línea donde termina el objeto y comienza el vacío. En arquitectura, el contorno define la silueta del edificio contra el cielo, el perfil urbano, la sombra proyectada. Es lo primero que percibimos a distancia.Sin embargo, forma y contorno no son sinónimos ni tampoco opuestos absolutos,son dos dimensiones complementarias de la misma realidad espacial. El contorno es estático, descriptivo, bidimensional en su esencia. La forma, en cambio, implica profundidad, tiempo y experiencia. Un edificio puede tener un contorno perfectamente reconocible, pensemos en la silueta de la Ópera de Sídney de Jørn Utzon, con sus cáscaras que rasgan el horizonte del puerto, pero su forma solo se revela en el recorrido, en la relación de escala entre el peatón y las estructuras, en la luz que se desliza por las superficies cerámicas.
Leonardo da Vinci, en sus estudios de paños de figuras sedentes (circa 1470-1475), exploraba precisamente esta tensión. Los pliegues de la tela no son simples contornos,son la expresión de una fuerza, de un cuerpo que los genera desde adentro. La tela crea forma en tanto que revela la estructura que esconde. Análogamente, la arquitectura de Frank Gehry visible en el Museo Guggenheim de Bilbao no puede entenderse únicamente desde su contorno sinuoso y fragmentado. Su titanio desplegado en curvas imposibles sugiere un proceso, una energía, casi un estado de movimiento congelado. La forma gehreriana desborda el contorno porque no surge de la definición del límite, sino de la modelación de la masa.El escultor Claus Sluter (c. 1360-1406) comprendió antes que muchos arquitectos modernos que la forma tridimensional no puede reducirse al perfil. Sus figuras poseen una presencia volumétrica que impone al espectador una trayectoria de observación; no hay un punto de vista privilegiado, sino una sucesión de revelaciones. Esta lección espacial es de una vigencia sorprendente,la arquitectura contemporánea de alto rendimiento formal, como la practicada por Rafael Moneo, también rechaza la tiranía del contorno único. Sus edificios se transforman al ser recorridos; su forma no se agota en ninguna fachada.
Hay, no obstante, una tradición arquitectónica que ha apostado deliberadamente por el poder del contorno sobre la forma. La arquitectura icónica del siglo XX, la Torre Eiffel, el Empire State, la cúpula de San Pedro, vive en gran medida de la fuerza de su silueta. Son imágenes antes que edificios, contornos antes que formas. En la era de la reproducción fotográfica y las redes sociales, el contorno ha adquirido una primacía inédita: importa más lo que se ve en una fotografía bidimensional que la experiencia tridimensional real.La tensión entre forma y contorno es, en última instancia, la tensión entre la arquitectura como experiencia corporal y la arquitectura como imagen. Ambas dimensiones son legítimas, pero su equilibrio define el carácter de cada obra. Una arquitectura que privilegia el contorno corre el riesgo de reducirse a escenografía; una arquitectura que desprecia el contorno puede perder coherencia y legibilidad urbana. El maestro, como Utzon o Moneo, sabe que la superficie es esa magnitud y atributo general de todos los cuerpos que expresa los límites de la extensión de estos es simultáneamente piel y esqueleto: contiene y revela, separa y comunica, define y sugiere.

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