Percepcion de la superficie: Definicion del objeto

    La palabra objeto, en su origen medieval tardío, designa una cosa tangible, algo percibido por los sentidos o presentado ante ellos como  la mente o la vista. Esta definición encierra una tensión filosófica que ha atravesado toda la historia de la arquitectura; ¿es el edificio un objeto autónomo que existe en sí mismo, o es una construcción relacional que solo cobra sentido en su vínculo con quien lo percibe?Definir un objeto arquitectónico supone, en primer lugar, reconocer su materialidad. El edificio no es una idea abstracta sino una realidad táctil, ponderable, presente en el mundo físico. A diferencia de una pintura o una escultura, el objeto arquitectónico envuelve al observador, lo convierte en parte de sí mismo. Esto lo hace radicalmente diferente de cualquier otro objeto artístico. La arquitectura no puede contemplarse desde fuera; su naturaleza obliga a la inmersión.

    Los escultores modernos han aportado lecciones fundamentales sobre la definición del objeto que los arquitectos no pueden ignorar. John Chamberlain, conocido por sus esculturas de chatarra de automóviles comprimida, plantea un objeto que no oculta su proceso de formación; las marcas, las tensiones, las deformaciones de la materia quedan expuestas como parte del lenguaje formal. George Ohr, el "alfarero loco de Biloxi", forzaba la arcilla hasta sus límites estructurales, produciendo objetos que parecen a punto de colapsar o de transformarse. En ambos casos, el objeto queda definido no solo por su forma final sino por la historia de su fabricación.

Glovebox Collision 2007, por John Chamberlain

    Esta idea de que el objeto se define también por su proceso de construcción es central para entender la arquitectura contemporánea de alta complejidad técnica. El ensayo A Matter of Tolerance explora precisamente esto, arquitectos como SHoP Architects, Kieran Timberlake y Frank Gehry trabajan con los parámetros de variabilidad inherentes a la construcción, integrando las tolerancias, los márgenes de error, las imprecisiones inevitables de los materiales y los ensamblajes como parte de la expresión tectónica. El objeto arquitectónico no es una geometría ideal platónica que lucha contra las imperfecciones de la materia; es, más profundamente, la negociación entre la intención y la realidad material. Jorge Oteiza, el escultor vasco, llevó la definición del objeto a un extremo paradójico; sus cajas metafísicas vacías proponen que el objeto se define por lo que contiene el vacío y no por su masa. La escultura como receptáculo, como espacio negativo. Esta inversión resulta profundamente arquitectónica; el edificio también se define, en última instancia, por los vacíos que crea. Una sala, un patio, una galería son definiciones de espacio mediante objetos construidos. La forma no encierra, simplemente define.

Caja vacía con gran apertura 1958, por Jorge Oteiza  

    La percepción del objeto arquitectónico involucra dimensiones que trascienden la vista. Harry Sowden, en sus propuestas domésticas de finales del siglo XIX, entendía que la casa es un objeto que se percibe con el cuerpo entero por la temperatura de los materiales, la resonancia acústica, la resistencia del suelo bajo los pies. Esta percepción multisensorial es lo que distingue al objeto arquitectónico de cualquier otra clase de objeto: no puede ser reducido a una imagen, porque su definición completa solo ocurre en la experiencia temporal y corporal del habitar.Sin embargo, la definición del objeto arquitectónico también depende del contexto cultural y urbano. Un mismo edificio puede ser percibido como un objeto autónomo y escultórico, un hito en el paisaje urbano o como un fragmento de tejido, un elemento más de la continuidad de la ciudad. El Guggenheim de Bilbao, diseñado por Gehry, es paradigmático: en su contexto industrial y fluvial, se impone como un objeto singular, casi alienígena, que redefine todo lo que lo rodea. Pero también es, simultáneamente, un nodo de conectividad urbana, una puerta hacia el río, un catalizador de transformación. La definición del objeto, aquí, no puede separarse de su relación con el entorno.

Guggenheim de Bilbao por Frank Gehry 

    En definitiva, definir el objeto arquitectónico es un ejercicio que nunca puede cerrarse completamente. Todo edificio es, al mismo tiempo, una cosa tangible y una experiencia, un conjunto de materiales y una constelación de significados, un límite y un umbral. La percepción arquitectónica del entorno comienza, precisamente, en este reconocimiento de que el objeto no está dado, sino que se construye en el encuentro dinámico entre la materia, el espacio y quien lo habita.

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